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ESPACIOS PARA BAILAR, PARA DESCANSAR, PARA JUGAR Y, TAMBIÉN, PARA LEER

ESPACIOS PARA BAILAR, PARA DESCANSAR, PARA JUGAR Y, TAMBIÉN, PARA LEER

¿Qué? La actividad lectora, para que sea agradable, necesita de un entorno adecuado para producirse. No es necesario que reúna unas condiciones de gran sofisticación, pero sí unas mínimas de comodidad y adecuación a las necesidades del niño.

 ¿Por qué? Si no ofrecemos estas mínimas condiciones, quizá la actividad no se desarrolle correctamente simplemente por incomodidad. Ello puede hacernos pensar que no se trata de una actividad que agrade al niño, cuando de hecho puede ser que simplemente no le guste el lugar.

 ¿Cómo? En casa, en las bibliotecas, espacios pensados para que el acercarse al libro para hojearlo, para tocarlo, para escogerlo sea posible, y la actitud para leerlos pueda ser abierta y libre.

 ¿Cuándo? Cada día, y en ocasiones especiales pueden crearse espacios también especiales.

 Precauciones: No es necesario que invirtamos gran cantidad de recursos en crear estos espacios. Simplemente con algo de sentido común e ingenio podemos conseguir que el niño vaya construyendo, él mismo, este espacio. Lógicamente, si desea leer en otros espacios, deberá poder hacerlo.

 Los espacios hablan: cada espacio nos sugiere una actividad, un estado de ánimo, e incluso una manera de estar, de hacer. Nuestros hijos, también tienen espacios destinados a cada cosa, tanto en casa (o al menos así lo pretendemos, aunque luego el desorden general pueda desdibujarlo ligera o totalmente, depende del tiempo que haga que no podemos orden) como en los espacios públicos.

 En fin, los espacios hablan, y cuando los creamos tienen intención. Para que luego sean utilizados con el fin que los habíamos creado, deben darse toda una serie de circunstancias, pero lo que está claro es que, si no los creamos, seguro que aquello que pensábamos que sería interesante que pasase, no pasará.

 ¿Se pueden crear espacios para leer? Sí, claro, y además es bueno hacerlo si pretendemos que en nuestra casa esta actividad sea una entre tantas. Estamos hablando de niños de dos años. Por lo que, de entrada, deberemos tener en cuenta las dificultades que esto entraña en cuanto a su pequeño tamaño. Muchas veces los libros se encuentran dispuestos en bonitas estanterías junto al osito más espectacular y una fotografía. Esta estantería, pensada más para decorar que para ser utilizada, generalmente se encuentra a una altura a la que el niño, e incluso al adulto le es difícil de llegar. Si, aparte de decorar o crear ambiente pretendemos que los libros se lean, se hojeen, se huelan, se amasen, deberemos ponerlos más a mano, o, simplemente, a mano.

 Lo único que tenemos que hacer para crean un espacio lector en las casas es tener una caja (mucho más fácil buscar dentro de una caja que no en una difícil estantería, en la que si mueves el libro del medio se te viene todos abajo) con todos los libros, excepto los de la biblioteca, que con ellos sí debemos tener especial cuidado. Si tenemos muchos, mejor los alternamos, como hacemos con los juguetes, para que el proceso de escoger sea más sencillo y para que, una vez conocido a fondo, podamos sacarnos un as de la manga: ahora otros. En cada lote, que haya de todo: diferentes ilustraciones, libros de conocimiento y de imaginación, libros de cocina sencillos, algún libro de poesía…, cuanto más variado mejor. Este cajón está lleno siempre de sorpresas. El niño ya sabrá qué hacer con un libro y buscará un espacio para mirarlo. Si tenemos una mesa pequeña, para que nuestro hijo pueda realizar actividades plásticas, bien. Si tenemos una alfombra, también. Si tenemos una cama con unos almohadones apropiados, o un pequeño sofá tamaño niño de tres años, o… Cualquier sitio está bien. Se puede leer en cualquier sitio y, además es bueno que así sea. No llenemos el espacio con objetos para la lectura: aparte de libros no necesita nada más, y ésa es una de las gracias que tiene.

 Si nos empeñamos en comprar cosas para que lea, excepto libros, nuestra exigencia para que utilice el espacio de forma correcta será mayor, y aquí ya la liamos. “Niño, siéntate bien, siéntate allí, que es para eso”. Un acto libre pasa a tener tantas normas que ya no lo vemos como tal… y quizá esto, a la larga, nos traiga problemas. Fácil, no: el espacio de lectura únicamente requiere de unos cuantos libros. Si nos han visto utilizarlos, ellos sabrán cómo hacerlo. Simplemente, se trata de zambullirse en ellos: cada brazada es el paso de una página a otra. Y si una no te gusta, la pasas haciendo el muerto, y si te gusta mucho te quedas en ellas haciendo submarinismo. Puede ser que lo empieces al revés (cosa rara, porque con las ilustraciones de los libros para estas edades queda muy claro cómo va) o que te saltes una página: no pasa nada, todo va bien. Nuestro hijo también tendrá momentos de lectura más organizada los ratos que,  igual que jugamos con ellos a hacer torres de piezas de madera, juguemos con ellos a leer, o a leerles.

 Cuando sean algo mayores, los niños ya podrán tener los libros en estanterías, siempre a su alcance, y más mayores aún en la mesilla de noche el que se está leyendo en aquel momento y en estanterías más inaccesibles aquellos ya leídos. Pero no hace falta preocuparse. Llegados a este momento, ya serán ellos los que se arreglen en su habitación: si, finalmente, les gusta leer en la cama, nos pedirán más luz en la mesilla de noche, si prefieren leer en su mesa, ya se espabilarán para sacar los cinco mil trastos que generalmente la ocupan. Ellos empiezan a ser dueños de su espacio, y lo disfrutan en la medida en que les dejemos que lo organicen.

 En algunas bibliotecas, existen áreas especialmente pensadas para los más pequeños. Pero estos espacios pre-lectores en algunas ocasiones no se utilizan para aquello que fueron pensados. Los padres, más bien madres, aprovechan para hablar entre ellas y sólo en situaciones muy críticas intervienen en el panorama general que no tiene nada que ver con la lectura.

 El niño, a esta edad, nos sigue necesitando para muchas cosas, entre ellas aprender para qué y cómo se utilizan los espacios públicos: en los columpios se hace cola, en las escaleras de los toboganes no tiramos de la falda de la niña de delante para que se caiga y podamos bajar nosotros antes, en un espectáculo de títeres debemos estar sentados para dejar ver a los niños de atrás, y en una biblioteca la actividad básica es estar con los libros. Lo que queda ahora ya es responsabilidad del adulto. Y no es más trabajo para nosotros, sino que es un espacio de relación diferente que, seguro nos reportará muchas satisfacciones. Otra responsabilidad que adquirimos, pero mucho más agradable, y diría que igualmente necesaria, que enseñarle que las acelgas son un plato delicioso. Vayamos a las bibliotecas a disfrutar de nuestros hijos, no a descansar de ellos. Es fantástico.

 Corresponde a los padres el trabajar por los hábitos que deben adquirirse en familia. Dentro de éstos, y de la misma manera que está el de lavarse los dientes como mínimo una vez al día, comer fruta como mínimo dos veces al día, beber medio litro de leche al día… debería estar, también el de leer algo cada día. Los hábitos, generalmente, se trabajan con el ejemplo: a niño puedes decirle que se lave los dientes porque tú también lo haces, y él lo ve. O simplemente al sacar el frutero a la mesa ya se entiende que ha llegado el momento de comer fruta. Con la lectura, ofreciéndola todos los días de forma natural y disfrutando todos de ella, nos es mucho más fácil fomentar el hábito lector en las casas que en las escuelas, más preocupadas por las habilidades que no por los hábitos.

 ¡Ah! Y si sus hijos no leen, no se preocupen, seguro que harán multitud de actividades también muy interesantes y, más tarde o más temprano, el día que encuentren el primer libro de su vida, ya nunca abandonarán la posibilidad de leer.

Reyes Camps, Lourdes: Vivir la lectura en casa, Editorial Juventud, 2004, España, pp. 76-84.
Clasificación: 372.41 R49

Cuestiones Sobre el Lenguaje Corporal de tu Hijo

Cuestiones Sobre el Lenguaje Corporal de tu Hijo

¿Cómo saber cuándo tu hijo está preocupado?

 Es imprescindible interpretar adecuadamente la comunicación no verbal de tu hijo para saber cuándo está en un apuro, cuándo te oculta información, y cuándo está preocupado por algo.

 La admisión abierta

Aunque lo que más te preocupe sea saber si te está ocultando algo, es útil saber identificar el lenguaje corporal que utiliza cuando dice la verdad. Esto ayudará a evitar los malentendidos y, a su vez, limitará la cantidad o la frecuencia de acusaciones y confrontaciones innecesarias entre vosotros.

He aquí cinco formas que tu hijo tiene de decirte mediante su lenguaje corporal: “Te estoy diciendo la verdad y quiero que me creas”.

1 Contacto ocular intenso. Te hablará con seguridad porque sabe que dice la verdad, por mucho que ésta te desagrade. Cuando te hable, será capaz de mirarte a los ojos. Aun cuando pongas en duda sus palabras, él mantendrá el contacto ocular.

2 Ojos desmesuradamente abiertos. Instintivamente tendrá los ojos más abiertos que de costumbre en un intento de convencerte de que dice la verdad. Además, es probable que arquee las cejas y que arrugue ligeramente la frente, pues está resuelto a conseguir que le creas.

3 Buena postura corporal. Los gestos que denotan sumisión, como los hombros caídos y la cabeza gacha, estarán ausentes cuando tu hijo te diga la verdad. Tendrá los hombros echados hacia atrás, la espalda erguida y te mirará frente a frente. Su postura global reflejará su confianza en sí mismo.

4 Respuesta positiva. Cuando se dé cuenta de que le crees, tu hijo reaccionará de forma muy positiva. Mientras que un niño que miente probablemente exhale un suspiro de alivio cuando piense que te lo has tragado, la reacción de un niño que dice la verdad será de evidente placer.

5 Te abraza. No te olvides de que sigue siendo un niño pequeño y de que la mayoría de sus respuestas emocionales aún conservan su espontaneidad. Así que cuando le digas que le crees, puede que corra hacia ti para abrazarte, pues le

duele el hecho de que pudieras haber dudado de él y ahora acabas de despejar sus temores a este respecto.

Cómo reaccionar ante una dimisión abierta

La mejor reacción que puedes tener ante la sinceridad de tu hijo, aunque te disguste lo que te haya dicho, es mostrarte contenta y darle ánimo. Lo necesita para reforzar su conducta cuando ha hecho lo correcto. Dile lo contenta que estás con él por haberte dicho la verdad, que comprendes lo difícil que le ha resultado decírtelo, y que, haga lo que haga, quieres que siga diciéndote la verdad en el futuro.

Si lo que te ha dicho exige una respuesta activa de uno de los dos, aconséjale. Las soluciones que le ofrezcas serán bien recibidas por su parte, y os ayudarán a ambos a desarrollar la confianza mutua. Desde luego, puede que lo que haya dicho te haga enfadar; en tal caso, debes reprenderle, pero asegúrate de que tu reprimenda no sea tan severa como para disuadirle de ser sincero contigo la próxima vez. Intenta concluir siempre la reprimenda de forma positiva.

 La admisión parcial

La mayoría de las personas se ven involucradas en un incidente que son reacias a explicar por entero a otra persona. Tu hijo no es diferente a este respecto. Quiere darte la impresión de ser capaz e importante, con el fin de ganarse tu aprobación y tu confianza. Desde luego, no quiere sentirse desdichado por algo que ha ocurrido, y luego sentirse aún peor a raíz de tus críticas y tu desaprobación. Por ello, sólo te cuenta la verdad a medias.

He aquí cinco formas que tu hijo tiene de decirte mediante su lenguaje corporal: “Sólo te he contado una parte de lo que ha ocurrido porque me da un poco de vergüenza”.

1 Se queda con la boca abierta al terminar de hablar. Se trata de un gesto involuntario; inconscientemente desea continuar, pero se contiene. Por ello, se queda boquiabierto durante unos segundos, como si pretendiese seguir hablando. Incluso es posible que articule algunas palabras que no logres oír con claridad.

2 Se inquieta después de contártelo.  Puesto que no te lo ha dicho todo, está inquieto. Aunque esté sentado, se moverá mucho, cambiando de postura cada dos por tres. Ésta es una señal de su incomodidad.

3 Arruga la frente. Puede que arquee las cejas, que arrugue la frente y abra mucho los ojos. Éste es el tipo de expresión que suele corresponder a la incredulidad, y tu hijo la adoptará en aquellas ocasiones en las que sepa que no te está diciendo toda la verdad. Si lo hace, sabrás que quiere contarte más.

4 Permanece a tu lado. Cuando ha terminado de hablar contigo, lo normal es que vuelva su atención hacia otra actividad y, posiblemente, que se aleje de ti. Sin embargo, cuando tiene algo más que decirte pero es reacio a contártelo, puede que permanezca junto a ti, esperando a que le preguntes si algo le preocupa.

5 Tamborilea con los dedos de forma nerviosa. Cuando tamborilea con los dedos contra el respaldo de una silla o se golpea los muslos con las manos, es seguro que haya algo más que quiera decirte verbalmente. También es probable que te eche miradas persistentes para asegurarse de que está atrayendo tu atención.

Cómo reaccionar ante una admisión parcial

Lo más importante es recordar que tu hijo desea desesperadamente contarte su problema; la estrategia de ocultar información tiene como objetivo protegerle de una nueva fuente de angustia. Esto significa que no vas a conseguir nada poniendo en duda sus palabras. Por ejemplo, si dices: “Sé que me ocultas algo. Así que cuéntamelo todo” o “no intentes ocultarme nada, porque me enteraré tarde o temprano”, le obligarás a ponerse a la defensiva y a fingir no saber de qué le estás hablando.

Es mucho mejor abordar la situación con tranquilidad y comprensión, para que se dé cuenta de que si te cuenta toda la verdad no reaccionarás de forma negativa. Por ejemplo, puedes decirle: “Pareces preocupado; quizá te pueda ayudar en algo” o “a veces siento vergüenza por algo que ha ocurrido, pero cuando se lo cuento a alguien siempre me encuentro mejor”. Este tipo de comentarios le transmiten tu deseo de compartir sus emociones, creando así un ambiente que conduce a una comunicación sincera entre él y tú.

También es posible que las expresiones físicas de afecto le ayuden a relajarse. Rodéale con el brazo, o déjale que se siente en tu regazo, pues estos gestos le dicen que él es importante para ti, lo que puede ser suficiente para animarle a contártelo todo.

Escucha lo que te cuenta; de ser posible, aconséjale. Explícale que siempre quieres saber si algo le preocupa, y que, al hacerlo, se sentirá mejor. Una vez se dé cuenta de que te puede contar cosas difíciles y potencialmente preocupantes, sin despertar tu cólera o ganarse tu desaprobación, es posible que sea más

abierto contigo en el futuro. Desde luego, habrá ocasiones en que una revelación suya merezca algún tipo de castigo, ya que se ha portado mal. Pero asegúrate de que sepa que, a pesar de todo, estás contenta porque ha sido directo y sincero contigo, por mucho que te desagrade lo que te acaba de decir.

Woolfson, Richard: El lenguaje corporal de tu hijo. Cómo entender la comunicación no verbal de los niños, Paidós, 1996, pp. 97-102
Clasificación 153 W66